Los usuarios españoles tienen a la ciberseguridad como una de sus prioridades más destacadas. El estudio Métodos de pago: La decisión definitiva, realizado por el proveedor de soluciones de pago PaynoPain, revela que el 45,2% de los usuarios afirma haber sido víctima este año de al menos un intento de estafa en el proceso de compra online. Son cifras que evidencian la importancia de un problema cada vez más frecuente en la sociedad digital.
El contexto de riesgos obliga, como precaución, a disponer de sistemas de pago que garanticen la seguridad en cada operación. El exagerado crecimiento de intentos de fraude provoca que los usuarios extremen las precauciones y que las empresas desarrollen pasarelas de pago confiables y refuercen la autenticación.
Las estafas más comunes
Los expertos de PaynoPain advierten de que el impacto del fraude digital afecta a la confianza del consumidor, pero también desarrollo del comercio electrónico. Con motivo del Día Internacional de la Seguridad Informática, que se celebra el próximo 30 de noviembre, la compañía señala las estafas más comunes:
Phishing. Se trata del envío de correos electrónicos o la creación de páginas web falsas que emulan a entidades reconocidas, como bancos o tiendas online. El propósito consiste en que el usuario introduzca sus credenciales o datos bancarios en un entorno fraudulento. Es la manera de que los estafadores consigan información sensible para realizar cargos no autorizados. Es una de las prácticas más extendidas y difíciles de detectar por su apariencia realista.
Smishing. Los cibermalos emplean mensajes de texto (SMS) que parecen provenir de empresas de confianza, como servicios de mensajería o entidades bancarias. Habitualmente incluyen enlaces maliciosos que redirigen a páginas falsas o solicitan descargar aplicaciones fraudulentas. Lo que buscan es obtener contraseñas, datos financieros o introducir malware en el dispositivo. Su efectividad estriba en la inmediatez y confianza que causan los SMS.
Vishing. Mediante llamadas telefónicas, los estafadores fingen ser representantes de un banco, compañía de seguros o hasta soporte técnico. En el transcurso de la conversación, presionan al usuario para que revele información confidencial, como números de tarjeta o códigos de verificación. La trampa se apoya normalmente en técnicas de ingeniería social, aprovechando la urgencia o el miedo de la víctima. Es una estafa muy peligrosa por la interacción directa que se entabla con el usuario.
Fraude en plataformas de compraventa. Los entornos de segunda mano o marketplaces son terreno fértil para que los ciberdelincuentes se hagan pasar por compradores o vendedores legítimos. Entre las distintas estrategias usadas figuran la petición de pagos por adelantado, el envío de justificantes de transferencias falsos o la entrega productos defectuosos o inexistentes. Este método de fraude aprovecha la confianza entre particulares y la dificultad de confirmar la identidad real de la otra parte. Las pérdidas económicas pueden llegar a ser significativas.

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