La soberanía nacional, en entredicho: ¿protección estratégica o ilusión geopolítica?

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El concepto de soberanía digital se ha convertido en uno de los grandes ejes del debate tecnológico en Europa. Sin embargo, lejos de existir consenso, cada vez son más las voces que cuestionan su viabilidad real en un mundo globalizado e interdependiente. Durante una mesa redonda celebrada en el marco de CTX Tech, varios expertos del ámbito de la ciberseguridad han analizado sus implicaciones, límites y contradicciones.

El experto ha contextualizado el auge del término en el miedo a ataques entre Estados capaces de interrumpir servicios críticos o cadenas de suministro. No obstante, ha recordado que este tipo de riesgos no son nuevos: “Toda la vida hemos tenido dependencia de terceros. Ahora simplemente lo llamamos ‘riesgo país’”.

Desde su punto de vista, aspirar a una autosuficiencia tecnológica total implicaría retroceder hacia modelos cercanos a la autarquía, algo incompatible con la economía actual: “Ningún país puede fabricarlo todo. Pretenderlo nos llevaría prácticamente a la Edad de Piedra”, ha comentado.

En esta línea, Fernando Denis Ramírez, responsable de producto de ciberseguridad e IA en Sofistic y Soluciones Cuatroochenta, ha coincidido en que el debate está mal planteado si se aborda desde lo nacional: “Tiene más sentido hablar de soberanía europea que de soberanía nacional”, ha matizado. 

Para el experto, la clave está en trasladar este concepto al análisis de riesgos dentro de las empresas. Para él estas decisiones de apostar solo por tecnología de un bloque responden más a una orientación ética o de convencimiento que práctica. Así, Denis ha ilustrado esta idea con ejemplos cotidianos: “¿Por qué usamos los DNS de Google? Muchas veces simplemente porque son gratis”. 

Sin embargo, ha advertido de que estas decisiones pueden tener implicaciones estratégicas a largo plazo, especialmente en escenarios de tensión geopolítica. “Si para gran parte de tus ingresos en tu CRM dependes de una empresa estadounidense y hay cambios políticos o arancelarios, puede que te interese migrar a soluciones europeas”, ha señalado. En su opinión, este debate derivará previsiblemente en nuevas regulaciones y políticas de apoyo institucional.

Por su parte, Héctor Ibáñez, director regional de España de LSEC Leaders in Security, ha recordado que la Unión Europea lleva años tratando de reforzar su autonomía tecnológica. “Desde 2020 ya se reconoce la necesidad de impulsar la soberanía europea”, ha explicado, apuntando a iniciativas como el desarrollo de una nube europea o las gigafactorías, proyectos donde hasta la fecha el Viejo Continente sigue estando en desventaja respecto a otros gigantes gepolíticos.

Ibáñez ha destacado, sin embargo, la solidez del ecosistema europeo de ciberseguridad, con startups y scaleups capaces de competir a nivel global. No obstante, ha advertido de que el proceso para abrazar sus tecnologías será lento: “Hace falta redundancia, pero no va a ser inmediato”, vislumbra. 

Para el responsable de LSEC uno de los principales obstáculos sigue siendo el coste. “La soberanía tiene un precio. Si una solución europea cuesta el doble que una americana, muchas empresas optarán por la segunda”, ha afirmado.

Regulación: ¿protección o barrera?

El papel de la regulación también ha centrado buena parte del debate. Fernández ha advertido de que puede convertirse en un arma de doble filo: “Las regulaciones también pueden ser mecanismos de ataque contra otros países y, de hecho ya se usan así, creando barreras de entrada”, ha destacado.

En este sentido, ha señalado que un exceso regulatorio podría estar frenando el desarrollo tecnológico en Europa, especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial. Como nota jocosa, ha comentado que si Google hubiera nacido en España, habría tenido muchas dificultades por la RGPD e “igual hoy estaría en la cárcel”.

Uno de los puntos más sensibles de la conversación ha girado en torno al papel de los estados en la ciberseguridad ofensiva. Fernández ha alertado de que los ciberataques patrocinados por gobiernos ya se encuentran entre las principales amenazas, debido a sus recursos “prácticamente ilimitados”.

El moderador del panel, Sergio Borasino, partner de Wolver Ventures, ha trasladado a los participantes la pregunda de por qué estos incidentes atribuidos a APTs no son algo que implique consecuencias directas y Denis ha subrayado la dificultad de atribuir este tipo de ataques: “Siempre resulta muy complicado saber quién está detrás. Los actores de amenazas se camuflan  muy bien. Existen operaciones de falsa bandera y la atribución no siempre es clara”.

Para finalizar, Fernández ha ido más allá al cuestionar la ética del propio sector: “Cuando trabajamos en proyectos para administraciones públicas, en cierto modo estamos participando en esa dinámica de desarrollar cosas para protegernos ‘por si acaso’ de otros países. Cuando haces simulaciones de ciberataques sobre infraestructuras críticas como redes de agua o electricidad o desarrollas virus concretos para estas instalaciones como un ejercicio, estás aportando a esa mecánica. No sé si estamos en el lado bueno o en el malo de la historia. Solo el tiempo lo dirá”, ha reflexionado. 

La mesa ha dejado patente que la soberanía digital es un concepto complejo, lleno de matices y contradicciones. Mientras Europa trata de reducir su dependencia tecnológica, también recurre a mecanismos como subvenciones o aranceles que critica cuando quienes los impulsan son otros actores globales. Desde el Viejo Continente se señala a China por cómo compite “de forma desleal” con ayudas públicas o a EE.UU. por sus aranceles excesivos pero “nosotros respondemos con medidas similares. Al final, el problema son los Gobiernos”, ha concluido Fernández. 

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