Detrás de cada correo engañoso o mensaje fraudulento existe una cadena perfectamente organizada que transforma esa información personal en un producto con valor económico real.
El primer paso: la captura de la información
Todo comienza con campañas de ingeniería social cada vez más elaboradas. Los mensajes de phishing ya no contienen errores evidentes ni promesas inverosímiles. Imitan con precisión a bancos, plataformas digitales o administraciones públicas, lo que incrementa notablemente su tasa de éxito.
Una vez que la víctima introduce sus credenciales, estas no se usan siempre de forma inmediata, sino que pasan a un proceso de clasificación y validación.
Los datos robados se almacenan en paneles de control gestionados por los propios atacantes, donde se verifica su autenticidad y se evalúa su valor potencial.
En este punto, la información deja de ser un simple conjunto de credenciales y pasa a convertirse en un activo digital con precio de mercado.
Según los análisis de Kaspersky, durante 2025 se detectaron más de 131 millones de enlaces de phishing en Europa, una cifra que confirma la magnitud del problema y su persistencia en el tiempo.
Esto valen tus datos
Una vez recopilados, los datos se organizan en función de su utilidad.
Las credenciales de acceso a servicios financieros, plataformas de criptomonedas o cuentas corporativas son especialmente codiciadas.
De media, una cuenta bancaria puede alcanzar valores cercanos a los 320 euros, mientras que los accesos a monederos de criptomonedas rondan los 95 euros. Los documentos personales, aunque más baratos, mantienen una alta demanda y se sitúan alrededor de los 14 euros por unidad.
Este proceso no es manual. Los ciberdelincuentes utilizan infraestructuras propias y herramientas automatizadas que permiten clasificar millones de registros en cuestión de minutos.
En muchos casos, estas bases de datos se integran en sistemas conocidos como “plataformas como servicio”, desde donde se revenden, combinan o reutilizan para nuevas campañas de fraude.
La creación de perfiles completos para el fraude
El verdadero valor aparece cuando los datos se combinan. Al unir credenciales, información personal y hábitos digitales se crean perfiles extremadamente precisos, conocidos en los foros clandestinos como dossiers digitales.
Estos perfiles permiten ejecutar estafas mucho más sofisticadas, como ataques dirigidos a directivos o fraudes financieros personalizados, donde el nivel de éxito es significativamente mayor.
Las cifras lo confirman. Aproximadamente el 88,5 % de los ataques de phishing tienen como objetivo el robo de credenciales de acceso, mientras que un 9,5% busca datos personales y un 2% información bancaria directa.
Una vez verificados, estos datos se empaquetan y se venden en mercados ocultos en forma de lotes, conocidos como dumps, cuyo precio varía según la calidad y actualidad de la información.
El mercado negro de los datos robados
En la dark web existe una economía estructurada en torno a la compraventa de información personal.
Las cuentas bancarias pueden alcanzar importes superiores a los 300 euros, los accesos a portales gubernamentales rondan los 75 euros y los perfiles de redes sociales se venden por apenas unos pocos euros, dependiendo de su antigüedad y actividad. Incluso servicios de mensajería o plataformas de juego tienen su propio valor dentro de este ecosistema.
Este comercio no solo alimenta el fraude económico, sino también el robo de identidad, la extorsión y el acceso indebido a sistemas corporativos. Además, los datos no se agotan tras un único uso.
Pueden circular durante años, revendidos una y otra vez, aumentando el riesgo para las víctimas incluso mucho tiempo después del incidente inicial.
Por qué el phishing sigue siendo tan eficaz
Uno de los motivos por los que este tipo de ataques continúa creciendo es su bajo nivel de complejidad técnica frente a su alta rentabilidad.
No requiere conocimientos avanzados y se apoya en el factor humano, el eslabón más débil de la cadena de seguridad.
A esto se suma la falta de percepción de riesgo por parte de muchos usuarios, que no son conscientes del recorrido que seguirán sus datos tras un solo clic.
Tal como explica Olga Altukhova, experta en seguridad, “los datos filtrados no se utilizan una sola vez, pueden circular durante años y servir para múltiples tipos de fraude, por lo que comprender cómo operan estas redes es clave para frenar su impacto”. Esta realidad ha impulsado a los especialistas a insistir en la prevención como la mejor herramienta de defensa.
Cómo frenar el uso fraudulento de la información
Ante un robo de datos, la rapidez de reacción es determinante. Bloquear de inmediato tarjetas afectadas, modificar credenciales comprometidas y activar sistemas de verificación adicional reduce drásticamente el impacto del ataque.
También resulta esencial revisar accesos activos y contar con soluciones de seguridad capaces de detectar páginas fraudulentas y filtraciones de información.
La concienciación sigue siendo un pilar fundamental. Y es que, en un entorno digital donde los datos se han convertido en moneda de cambio, proteger la información personal es una cuestión de seguridad básica.

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